Sunday, September 16, 2012

Lluvia de cemento

Pálida; fatigada, con el tiempo escritas en sus arrugas, resbalosa a las heladas de sus noches; observa, desde su inmóvil silla de madera de viejo carpintero, el rocío húmedo lavar las aceras quebradas al paso de los años. Sus balcones, con cubiertas de suspiros, dan al soñador una ilusión de una Lima vieja; que al bolero el beso robaba a la mujer deseada; pero mi pecho se desgarra y la lagrima rueda, la Ciudad no es la misma; hoy las amplias casas de jardín florido; donde al son del vals y la marinera se libaba el pisco de la tierra, voló al cielo. La Ciudad no es la misma; mi abuela pregunta: ¿Dónde esta el viejo roble? A su vez mira con tesón al enorme palo de cemento que alumbra la calle, ¡Aquí estaba! Exclama señalando al cemento que divide la doble calle. La Ciudad no es la misma, mi abuela no es la misma, tampoco soy el mismo.

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Monday, August 17, 2009

La Pobreza flagelo (Pica, pincha, abre aqui)

El grito de la pobreza.

Las montañas han crecido,
dijo el niño de la calle;
mientras, caminaba observando los edificios.

La tierra se ha endurecido;
dijo mirando las calles cubiertas de cemento.

Las plantas han cambiado;
dijo mirando las flores de plástico sobre las ventanas.

Los hombres no son los mismos;
dijo mirando cerrarse una puerta sobre sus narices.

Luego, de una pausa prolongada,
dijo: el único que no ha cambiado soy yo,
porqué aun conservo los harapos del ayer,
y, mi estomago se retuerce de hambre,
viviendo cada día; esperando
cambiar de una vez.

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Saturday, July 04, 2009

Mini poemario del Alma

                                                              
                                                          Pequeños Poemas de Hoy



Extasiado al amor; con los sueños haciendo
de caminos, Abrazo los suelos de mi tierra,
deseándola, amándola en silencio; 
esperando encontrar mi ideal, 
para sumirme en sus brazos y amarla, amarla.

La pellica aun conserva su aroma,
aroma de fino perfume; extraído
del respirar de sus células,
células que un día fue amor puro.

Recuerdo su gimoteo al no alcanzar
mis ósculos; mientras, la mueca dibujaba
aquél cuadro de amor, 
de garabatos, abrazos y besos,
Cuadro que pintamos los dos.

El tiempo lo cura todo,
el tiempo te hace olvidar,
el tiempo me hizo llorar y recordar
palabras de amor,
Rocío que llega al amanecer, 
acaricio con su brisa todo mi ser,
 y al abrazo, la primavera llegó.

Wednesday, June 10, 2009

a un amor

Sentado arranco un suspiro,

suspiro enamorado, ilusionado,

aflorado de una sonrisa de Internet.

Mi boca no habla, desea tus ósculos.

Mi alma siente tu nombre,

escrito en mi corazón.


¿Dios porqué me diste tanto amor?



LA BRISA DEL AMOR.


Aquella mañana, Flor se levantó; aun con las

esperanzas de volver a verlo. La sonrisa

dibujada en sus labios, contaba su felicidad.

Aun era muy temprano y quizás, dormía en su

plácido sueño:


- ¿Quizás no? Brilló la idea en su mente.


La habitación, de ancha ventana, atrajo su

atención. La cortina rosa de flecos blancos,

dejaba traslucir la luz llegada de la mañana;

y repentinamente lo descubrió:


El amor todo lo puede. Era la luz, traspasando

el todo, y he allí la respuesta.


-¡Si esta! -Exclamó resuelta- Iré a confirmarlo,

finalmente lo susurro disidida.


Aprisa llegó al baño de la habitación, abriendo

el grifo mojo sus manos y para luego, con las

palmas de su mano peinó su larga cabellera.

Acicalada frente al espejo de un metro de

altura, salió hacia el costado de su cama y

donde sobre una mesa de noche descansaba

una pequeña computadora portátil.


Al conectarse, los latidos del corazón crecían

en su pecho, obligandola, al suspiro arrancado

de su pecho, llevar a sus labios la pequeña

botella llena de agua; al fin el frescor llegó a

su alma: Él estaba conectado.


-¡Hola! Exclamó estampando su letra en la

pequeña ventana del chat.


Un silencio, irrumpió la habitación; al otro

lado, en algún lugar, una lágrima rodaba por

una mejilla.


Flor aguardó, dejandose llevar por el

recuerdo:


El cumpleaños de su amiga, alegraba los

corazones de los jóvenes y mujeres que en

aquél instante bailaban al disfrute de la

música de sus años. Fue en aquella fiesta,

cuando Flor, conversando con la dueña del

onomástico, llegó él, aquél de los ojos celestes

y rubia cabellera, José. Flor, quedó

deslumbrada con la sonrisa, afable del

muchacho. Presentados por la dueña del

santo, bailaron hasta cansar el cuerpo. Él la

miraba con una ternura, y que a ella le

encantaba. Flor se dio cuenta que un

sentimiento profundo afloraba desde su

corazón y la hacia sentir feliz. Conversaron de

todo, se conocieron. Mirándolos de fuera,

parecían dos amigos de años, encontrados

en la dicha de una fiesta. Como todo acaba

en la vida, terminó la reunión. En la calle,

acompañada por José, espero el taxi que lo

llevaría a casa. Mientras esperaban, él,

atrayendo con su abrazo, la beso en los

labios; quedando ella en la gloria. Tras

muchas promesas de volver a verse,

ilusionados de encontrar el amor, se dijeron

adiós.


-¡Dios! Volvió a exclamar y pero esta vez su

voz golpeo con el eco de su cuarto.


Un "Hola" a secas apareció bajo el nombre

de José.


-¿Estas bien? Preguntó ella, nerviosa.


Nada, solo un silencio. Un presentimiento caló

hondo en el ser de Flor.


-¿Dime que sucede?


Al otro lado de la linea, finalmente escribió

una frase y que dejó fría a flor.


- Disculpa por esto, soy la hermana de José,

mi hermano falleció anoche.


Flor, derrumbada, dejó su cuerpo caer

completamente sobre la silla y llevándose

las manos a la cara, cubrió el llanto al dolor.

Las lágrimas, cual lluvias de invierno, caían

hacia el suelo, escribiendo con ello, el adiós

al amor.


-¡No, Dios! ¿Porqué? Recriminó buscando

una respuesta.


Aquél día no salió. No fue al velorio. Se sumió

en la mas profunda

melancolía y así la cubrió la noche.


Recostada, abrazando su almohada, seguía

suspirando de dolor.


Al final los brazos de Morfeo la cubrieron y

quedo quieta, silenciosa.


A la medía noche, escuchó un zumbido de su

portátil; la que olvidada, yacía prendida en

el mismo rincón. Soñolienta, guío sus


ojos hacia el aparato y en cuya pantalla, una

pequeña luz azul centellaba con insistencia.

Rápida, se levantó y fue hacia ella, guío


el puntero sobre la luminosa luz y pico.


-¡Dios no puede ser! Exclamo compungida.

Al leer la primera frase escrita a letras

rojas.


-¡Es absurdo! Volvió a recalcar a viva voz.

¡Tú estas muerto!


La frase decía: Te sigo amando.


Mientras, las campanas, de la vieja Iglesia

del monasterio, daban las doce de la media

noche.


(Continuara...)







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Sunday, July 01, 2007

ilusión al recordarte

Lágrima Rota

Despertó acompañada del cálido beso de un nuevo día; con ella un suspiro al recordarlo. No habían transcurrido muchas horas y, ella anhelaba estar otra vez a su lado, respirando el mismo aire.
¿Coincidencia?
La interrogante, escrita un instante en su mente, se disipó al volver a la macula noche, de aquél callejón de un solo pilón.
¿Un beso?
Pensó; dudando de una realidad, más pura que la cristalina agua de la vida.
El amor muchas veces muestra solo lo que queremos.

cual gaviotas libres,
mis pasos viajan,
cruzando mares,
montañas y cielos
en busca del calor
dejado por tus besos.
Mas, la huella disipada
con la suave garua de la noche;
me ínsita aseguir volando en busca
de tu amor.




Saturday, June 16, 2007

Canarias y mis poemas

Los Guanches.


El pastor; inquieto,
aspirando la furia del volcán;
la tonadilla acallada en los labios; observaba,
los barcos llegar.
Las cabras balaron: ¡revolución!
Prestas desde las montañas miraron.
Más la sed amable, a jarro abierto,
saciaba el deseo de luchar.
Los Guanches arrugaron las papas,
guardaron el porrón en la alforja; brincando
de roca en roca; en sus costas
aguardaron llenos de felicidad.
¿Por qué matas el abrazo inocente, abierto?
Gritó el volcán; Al desvanecerse la amistad, al insanoataque de la conquista; aquél día.
mil flechas volaron por el sol,
oscureciendo la respiración.
¡Están allí, están acá! Gritaban,
cuando las olas quebraban sus nervios.
Vinieron buscando oro; encontraron belleza.
Vinieron buscando esclavos; hallaron reyes.
Al tiempo, enamorados de sus gestos, de sus formas,
sus perfumes, sus mujeres; quedaron conquistados




Amor majorero.

La niña, sonreía, agitaba sus manos al silencio azul
del horizonte, miraba y los sentía llegar, porque se
sabía que todos la llegaron a amar.
Su padre, sus hermanos echados a la mar, se
fueron a pescar; así con ello alimentar, a la familia
que llegaron a formar.
Con los frutos del mar y que, sus manos podrían
cazar, lograrían pasar las desventuras; que aquellas
crisis los podían abrazar.



Fuerteventura

La misma plaza de mis años
la misma calle a mis pasos,
la gobernación a la derecha,
la iglesia vestida de amor, a mi izquierda,
la sonrisa, la brisa tropical, el saludo cortes,
allí siempre en la misma calle; aunque, no me
vio nacer, me llegó a querer.
Porque no decirlo: mi primer amor, al sabor de
las tapas, del vino de la tierra y la tonadilla de mis
caminatas en las canteras, en el puerto, en playa
chica, playa blanca...
Son tantas cosas en un mismo pecho,
son recuerdos imborrables, vivos, nostálgicos,
que mis canas pueden contarlos.
¡Mi niño! es lo que dicen mis amigos al verme,
como olvidar sus sonrisas al encontrarme
al abrazo desinteresado a mi raza.
Es la misma calle de mis pasos diarios,
de las bromas, los piropos, las carcajadas.
¡Majorero! un día me gritaron,
fue lo más hermoso que mis oídos escucharon,
y mis ojos las lagrimas derramaron; porque,
a los años la calle me había adoptado.



Playa Chica.

A la bartola del viento, mientras me siento a
contemplar el ir y venir de las olas del mar;
cierro los ojos y te siento a mi pecho abrazar;
no despierto, para así poder escuchar
aquellos cuentos llenos de sentimientos,
que me sueles prodigar.
La última brisa, en la que a toda prisa un
ósculo llegué a ganar;
aun no puedo conciliar, si fue solo el viento,
que al momento, a mi corazón quiso contentar.



Canarias no me dejes Despertar.

Como desearía ser compositor, para escribir tus
encantos;de canto a canto con melódica voz
proclamar; que quizás estoy muerto,
y a un paraíso eh venido a dar.
Cada día al ocaso y cuando mis cuerpo me
lleva a acostar,
siento que quizás al despertar,
ya no te pueda encontrar, porque todo solo
fue un soñar.

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